Eso lo será tu madre. La biblia del insulto- María Irazusta.
Nunca dije que fuera de pura raza; quienes bien me conocen saben que amo la mezcla, pero la buena mezcla, la que ensancha el alma y amplía las lindes del cerebro.
Se dice que, de poetas, tontos y
locos, todos tenemos un poco… Así que, por la parte que nos toca, no osaremos
decir quién está más pallá que pacá, si el considerado cuerdo y normal por una
mayoría o aquel al que le falta un tornillo. Al fin y al cabo, como decía
Samuel Beckett, «todos nacemos locos».
Aunque podamos pensar que las
mujeres han escalado muchos peldaños hacia la igualdad sexual, no hay más que
echar mano al más de medio centenar de sinónimos de prostituta que aquí
recogemos, y que no tienen equivalente aplicable a sus homólogos masculinos.
Los hay muy populares y algunos bastantes sorprendentes:
Fulana, furcia, pendón, golfa,
lumi, alegrona, arrastrada, buscona, bordiona, buharra, casquivana, ambladora,
colipoterra, lagarta, lagartona, zorra, zorrón, coima, cualquiera, cortesana,
mujer de moral distraída, mujer de vida alegre, mujer pública, mujer de mala
vida, mujerzuela, ligera de cascos, ramera, descarriada, escalentada, guarra,
puerca, perra, perica, hetaira, hetera, puta, hurgamandera, iza, jinetera,
madama, manfla, meretriz, mesalina, odalisca, pajillera, pelandusca, perdida,
pupila, piruja, rabiza, suripanta…
El Diccionario panhispánico de
dudas zanja la cuestión de este maestro de las obviedades argumentando que,
Pero Grullo designa a un personaje inventado caracterizado tradicionalmente
como simple por expresar lo evidente o comúnmente sabido.
La persona que está ausente o
distraída, al alelado.
Epígono: Persona que sigue las
tendencias artísticas, filosóficas o científicas de un maestro, escuela o
generación anterior.
La palabra cornudo parece tener
diversos antecedentes históricos. Se dice que, en el Imperio romano, los
soldados que regresaban de la batalla recibían un cuerno repleto de monedas en
pago por sus servicios. Pero, con cierta frecuencia, al regresar al dulce hogar
se percataban de que sus mujeres no les habían guardado la ausencia, y de ahí
surgió la denominación de cornudos.
El gañán —en puridad un peón de
labranza—, el cazurro, aquel recién llegado a la ciudad que aún no se ha
quitado el pelo de la dehesa, son el hazmerreír de todas las comedias de
costumbres. Sus primos hermanos son el palurdo, el papamoscas o el papanatas,
que deambulan asombrados —ojipláticos y boquiabiertos— por las novedades de la
metrópoli y son presa fácil de los avispados urbanitas de mala fe.
Sí, se puede. El silencio como
ofensa es como la crítica por la espalda, muchas veces no se tiene la certeza
de que ocurra, pero se siente. La incertidumbre que crea el silencio por toda
respuesta siempre resulta inquietante: ¿habrá recibido mi mensaje?, ¿le envío
otro o pensará que soy un pesado? La callada ofensa, pretendida, buscada y ensayada,
puede ser devastadora para una relación personal o profesional. Es ese durísimo
«no mereces ni un minuto de mi tiempo» implícito en el mutismo y que, llegado
el caso, si el ofendido pide cuentas, se ventila con un «es que he estado muy
ocupado».
Teoría de la diosa Puta. La
semidiosa Puta, hija de Deméter y Triptólemo, era considerada una divinidad
menor de la agricultura, al heredar el don de su madre. La reputación de Puta a
la hora de podar los árboles creció por Grecia como la espuma y en su honor se
celebraban fiestas presididas por Baco, donde se permitían la prostitución y
las orgías. Esta teoría sostiene que la diosa Puta da nombre al verbo putāre
(podar).
Puede que, como decía Napoleón,
la victoria tenga mil padres y la derrota sea huérfana, pero los vencidos
forman una anónima legión. Son los muertos de hambre, los mataos, los
menesterosos, los buscavidas, los que no tienen ni para untarse un diente o
donde caerse muertos, los que viven a salto de mata o están a la cuarta
pregunta. Esta última forma de decir que se está sin blanca (antigua moneda de
plata) tiene su origen en los interrogatorios judiciales, donde la cuarta
pregunta indagaba acerca de las rentas y bienes del reo que, como era de
esperar, se declaraba pobre de solemnidad.
Sin embargo, el perdedor y el
antihéroe tienen tanta trastienda que la literatura y el cine sucumbieron hace
tiempo a sus indefinibles encantos e infinitos matices: esa soledad vitalicia,
lo sui géneris de su ética, su estoico sufrimiento, la apegada mala suerte, la
rebelde inadaptación, la fatalidad, el cinismo, su insobornable libertad y, por
supuesto, un tortuoso pasado imposible de olvidar. Existe una misteriosa
atracción hacia estos personajes que nunca luchan por salvarse ellos de una
segura autodestrucción, sino que lo hacen por el amigo, por la chica, por el
débil…
Mamarracho (persona ridícula o
extravagante), mameluco (necio, bobo), nictálope (persona que ve mejor de noche
que de día), papanatas (persona simple o crédula), sátrapa (gobernador de una
provincia de la antigua Persia, hombre sagaz que sabe gobernarse con astucia e
inteligencia o que gobierna despóticamente).
El sentido cojones varía según el
numeral que le acompaña. La unidad significa algo caro o costoso (eso vale un
cojón), dos pueden sugerir arrojo o valentía (con dos cojones), tres significar
desprecio (me importa tres cojones), y un número elevado suele apuntar
dificultad extrema (conseguirlo me costó veinte pares de cojones). Del mismo
modo, basta un verbo para darle variedad a los significados. Verbigracia: tener
puede referirse a valentía (esa tía tiene cojones), pero también censura,
admiración o sorpresa (¡tiene cojones!)
Si te dan a elegir, pide mote en
lugar de apodo. Porque, aunque probablemente pienses lo contrario, el apodo,
con más lustre popular, es el que tiene la carga burlona y peyorativa. El mote
es el sobrenombre que se da a una persona por una cualidad, condición o rasgo
distintivo, mientras que el apodo es el nombre que suele darse a una persona,
tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia.
Manfloritas (afeminados).
Existen términos populares, como
mariquita, maricona, amariconado o bujarrón; otros de escaso fuelle ofensivo:
mano quebrada, de la acera de enfrente, del otro bando, tener pluma, palomo
cojo, sarasa o mariposón (vocablo con dos acepciones, la de homosexual y la de
hombre inconstante en amores o que galantea a diversas mujeres). Sin olvidarnos
de las locas, las reinonas y las nenazas, también debemos recordar otros con
terrible carga despectiva, como invertido, desviado y trastocado. O viperinos,
como muerdealmohadas (para los pasivos) y muerdeorejas o soplanucas (para los
activos).
Virago (mujer varonil).
Para el conocido al que no se
desea ver: «Discúlpeme, no lo había reconocido: he cambiado mucho»; para el
buen mediocre: «Como no fue genial, no tuvo enemigos»; para el conciliador: «A
ti te agrada todo el mundo o, lo que es lo mismo, no te importa nadie»; para el
equidistante: «Solo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no
nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de
valor»; de los mercantilistas: «Un cínico es un hombre que conoce el precio de
todo y no da valor a nada»; y, en fin, de casi todos: «La mayoría de las
personas son otras: sus pensamientos, las opiniones de otros; su vida, una
imitación; sus pasiones, una cita».
Quizá el vendido sea aún peor,
porque, además de compartir con el comprado la característica de dejarse
sobornar, falta a la confianza o amistad debidas. Y en este turbio entorno
también cabe citar al chupóptero (persona que, sin prestar servicios efectivos,
percibe uno o más sueldos) y al chaquetero (aquel que cambia de opinión o de
partido por conveniencia personal). Así llegamos al traidor, al desleal, al
pérfido, aquellos que se pasan por las narices las leyes de la fidelidad y del
honor.
En el terreno laboral encontramos
de todo un poco, desde los lameculos, esos serviles, aduladores y pelotas que,
con tal de ascender, son capaces de casi todo, hasta los chupatintas,
oficinistas de poca categoría y escaso reconocimiento. El origen de esta última
expresión posiblemente proceda de la época de pluma y tintero, cuando había que
chupar el cañón antes de mojarlo en la tinta.
Porque es ignorancia y no
originalidad lo que lleva a confundir bizarro con extraño o friki. Y eso que
bizarro en el diccionario tiene dos acepciones: valiente y esforzado, por un
lado, y generoso y espléndido, por otro. Pero ni rastro de esa cualidad de
extraño, raro, estrafalario, que algunos se empeñan en darle a la palabra,
quizá por contagio del inglés y del francés donde bizarre es, efectivamente,
sinónimo de raro. Otro tanto ocurre con la palabra mequetrefe, que hay quien
aplica con visión reduccionista a la persona de poca consistencia física, al
enclenque, al poca cosa, o sea, al tirillas. Lo cierto es que la definición de
la RAE tampoco es que ayude mucho a la hora de centrar el tiro: hombre
entremetido, bullicioso y de poco provecho. Pero es mucho decir que tal hombre
haya de ser necesariamente un canijo.
Para la RAE, maquiavélico es
quien actúa con astucia y doblez, y no incluye en su definición traza alguna de
la maldad que el consenso popular suele atribuir a este adjetivo.
«Sin eufemismos: Obama es negro.
La duda ofende y, a veces, la realidad también, por eso tendemos a camuflarla.
Sin ambages, y sin ánimo de ofender, defendemos la verdad: Obama es negro. La
expresión no es ni pretende ser peyorativa, entre otras razones porque el
adjetivo o la raza tampoco lo es. Que Barack Obama es negro es evidente, pero
pocas veces veremos escrito este aserto por temor a ofender. Para evitar
términos como negro, considerados de mal gusto, la lengua dispone de eufemismos
o, lo que viene a ser lo mismo, del lenguaje políticamente correcto, que
prefiere de color o afroamericano, para referirse a la raza negra; interrupción
del embarazo, en lugar de aborto; desfavorecidos antes que pobres […]. Esta
tendencia hace que seamos imprecisos en muchas ocasiones»
Para referirnos a alguien muy
antipático empleamos de sonrisa difícil; para describir a un inmoral, de moral
relajada; al hablar de un traidor, de lealtad voluble; de lengua desatada,
cuando señalamos a un bocazas; prescindible en mis afectos, para aludir a
alguien a quien no soportamos; con twofingers apuntamos —con la unión de dos
palabras en inglés— al que no tiene dos dedos de frente. Sobre el aspecto
físico: usamos de belleza peculiar para describir a alguien feo; de mirada
esquiva, para un bizco; de amplísima sonrisa, para un desdentado; de curvas
rotundas, para una mujer oronda; horizontalmente extendido, cuando hablamos de
alguien voluminoso.
Aquí van otros tantos, oídos en
distintas plateas callejeras y empresariales: un tipo con un sólido sentido de
la propiedad es un tacaño; un brillante representante de la mayoría
intelectual, un tonto; un representante de la oposición moral, un malvado; el
que utiliza una gramática alternativa, un analfabeto.
Muchos han sido los nombres que
ha recibido el Maligno, precisamente porque nombrarlo era anatema: Leviatán,
Belial, Luzbel, el Enemigo Malo, el Tentador, el Padre de las Mentiras o el
Príncipe de las Tinieblas son solo algunos de ellos. En la Biblia los más
comunes han sido Satán y Belcebú.
PETIMETRE. Del francés petit
maître, ‘pequeño señor’, ‘señorito’. Persona que se preocupa mucho de su
compostura y de seguir las modas. el lechuguino, el dandi de poca monta, el
figurín, el brazo de mar.
La ínfula era un signo de
inviolabilidad, que denotaba la consagración a la divinidad de la persona que
lo portaba. De esta salían dos cintas llamadas vittae, que generalmente eran
blancas y púrpuras. Cuantas más tiras y de mejor calidad, mayor posición
ostentaban. En la tiara papal las ínfulas son las dos cintas que cuelgan de la
parte superior, y la Iglesia las adaptó a las mitras de los obispos. Se dice
que este fue el motivo por el que comenzó a utilizarse para referirse a los
aires de grandeza o a la vanidad desmedida.
En el caso de marrano hay más
aún, ya que antiguamente, además de todos sus mugrientos significados, este
término se utilizaba para referirse a los falsos conversos y a las personas
malditas o descomulgadas. Y ya no digamos en femenino, cuando se le suma el
sentido de vida licenciosa y disoluta.
Este término, el de pedante, se
usaba para denominar al maestro que enseñaba gramática a domicilio a los niños,
y acabó por utilizarse de manera despectiva para referirse a las personas
engreídas que hacen un inoportuno alarde de erudición.
El redicho no puede limitarse a
llamar tonto al corto de entendederas; necesita adjetivos de prestigiosa
etimología grecolatina como estólido (del latín stolĭdus, falto de razón y
discurso), mendrugo (del árabe maṭrúq, pedazo de pan duro o desechado, y
especialmente el sobrante que se suele dar a los mendigos), estulto o beocio
(del latín boeotĭus, originario de una antigua región de Grecia cuyos
habitantes eran despreciados por los atenienses por rústicos, rurales y
campesinos).
Turiferario era el acólito que
portaba el incienso, y algunos afectados tertulianos y polígrafos usan este
término en sentido figurado y con cierto matiz despectivo añadido para
denominar a todo seguidor lisonjero de alguna autoridad o poder, o sea, el
simple y genuino pelota.
Malsín o, lo que es lo mismo,
cizañero, soplón. Procede del hebreo malšīn.
Insipiente. Sí, sí, con s, que
quiere decir falto de sabiduría o falto de juicio y que procede del latín
insipĭens.
Rijoso, del latín rixōsus, y que
significa pendenciero; siempre dispuesto para la riña o la contienda y que
también tiene la acepción de lujurioso.
Temulento, es decir, borracho.
Rafez: vil, bajo, despreciable,
de poco valor. Adjetivo claramente en desuso.
Pigre: delicioso cultismo
ofensivo, que significa tardo, negligente y desidioso.
Hacino: procedente del árabe
clásico ḥazīn, podemos utilizarlo para referirnos al avaro, mezquino y
miserable.
Huerco: se trata de una persona
que está siempre llorando, triste y retirada en la oscuridad. Para los romanos
era el lugar donde iban los muertos, el infierno de los condenados. Procede del
latín Orcus, demonio encargado de castigar las promesas rotas.
Magancés: preciosa palabra en
desuso, que significa traidor, dañino y avieso, y que tiene tras de sí una
bonita historia. El término se usa por alusión al conde Galalón de Maganza,
padrastro de Roldán en el Cantar de Roldán, por cuya traición tuvo lugar la
emboscada de Roncesvalles en la que murió su hijastro.
Férvido: del latín, fervĭdus.
Aunque, en puridad, es algo que hierve o que arde, se puede emplear para
describir a la persona de sangre caliente que siempre está a la gresca.
Según la RAE, el término surge
del diminutivo del nombre María; es decir, de la tradición de llamar Marica y
Mariquita a las Marías. De ahí que, con el paso del tiempo, se utilizase para
denominar a los ‘hombres afeminados’, pero hubo de transcurrir mucho más tiempo
aún (unos dos siglos y medio) para que apareciese la acepción de ‘hombre
homosexual’, y más aún para encontrarnos con el término gay, aceptado por la
RAE en su vigésima edición de 1984.
Nos despedimos con el bonito
origen del vocablo gay, del provenzal gai, que significa ‘alegre’ y ‘vistoso’.
Un término que recuperó el colectivo de homosexuales de San Francisco (EE. UU.)
como acrónimo de Good As You, cuya traducción es ‘tan bueno como tú’.
Acatus: Prostituta.
Achorongado: Homosexual.
Acoquinar*: Amilanar, acobardar,
pagar.
Adufe*: Necio.
Adusto*: Seco, severo, desabrido.
Alemanita: Masturbación
Aljofifa: Sucio y despreciable.
Amavisca: Homosexual que no ha
salido del armario.
Anabolena*: Alocada, sin cabeza.
Archipámpano*: Que ejerce
autoridad imaginaria.
Arrapiezo*: Pequeño, de corta
edad.
Arrencáncano: De carácter
difícil, raro.
Arroz quemado: Homosexual.
Asnejón: Rudo, de muy poco
entendimiento.
Asnúpido: Necio, falto de
inteligencia.
Atorrante*: Vago, holgazán.
Avieso*: Torcido, fuera de regla.
Badea: Homosexual.
Badulaque*: Necio, inconsistente.
Baladrón*: Fanfarrón, truhan.
Baldragas*: Flojo, sin energía.
Bardaje*: Sodomita paciente.
Brisco: Homosexual.
Brozno*: Tosco, grosero.
Canco: Homosexual.
Cerril*: Que se obstina en una
actitud o parecer.
Cholo*: Indio que adopta los usos
occidentales.
Chupóptero*: Que sin prestar
servicios efectivos percibe uno o más sueldos, aprovechado
Cocorobochindo: Que está en la
inopia.
Coleóptero: Insecto repugnante.
Diálogo de besugos*: Conversación
sin coherencia lógica.
Eccehomo*: De lastimoso aspecto.
Estólido*: Falto de razón y
discurso.
Faba: Tonto, patoso.
Faquín*: Ganapán.
Farolero*: Vano, ostentoso,
mentiroso.
Fementido*: Falto de fe y
palabra.
Ganapán*: Rudo, tosco.
Heredera: Prostituta.
Incordio*: Incómodo, agobiante,
molesto.
Malmirado*: Descortés,
inconsiderado.
María de la O: Prostituta.
Mariliendres: Amiga solo de gays.
Marión*: Hombre afeminado,
sodomita.
Meco: Homosexual.
Merdón: Despreciable.
Mesalina*: Mujer de costumbres
disolutas.
Mujer de vida alegre: Prostituta.
Mujer del arte*: Prostituta.
Onagro*: Asno.
Peonza*: Persona pequeña,
regordeta y bulliciosa.
Procaz*: Desvergonzado, atrevido.
Ser un 13 horas: Ser muy raro.
Ser un 250: Ser poca cosa.
Sorete: Excremento.
Tartufo*: Hipócrita, falso.
Tiravidas: Vagabundo.
Zamujo*: Vergonzoso, retraído,
poco hablador.
Zamuzo: Introvertido, vago, que
andas sin ganas.
Zurullo*: Excremento.
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