Memorias del subsuelo – Fiódor Dostoyevski
Parte primera: El subsuelo Sé mejor que nadie que con todo esto sólo me perjudico a mí mismo y a nadie más. Y, sin embargo, si no me pongo en tratamiento es por rabia. Si mi hígado está mal, que se ponga peor. Pero, señores, ¿saben ustedes en qué consistía la razón principal de mi rabia? Precisamente en esto está la cuestión y toda la inmundicia: en que, incluso en el momento de mayor bilis, reconocía vergonzosamente que no sólo no era un hombre malo, sino que ni siquiera estaba verdaderamente furioso; que espantaba a los gorriones en vano y que con eso me consolaba. No sólo no he logrado hacerme malo, sino que no he logrado convertirme en nada: ni en malo ni en bueno, ni en canalla ni en hombre honrado, ni en héroe ni en insecto. Ahora sobrevivo en mi rincón, burlándome de mí mismo con el inútil y malévolo consuelo de que un hombre inteligente no puede convertirse en otra cosa, y de que sólo un tonto lo logra. Tengo ahora cuarenta años, y eso es toda una vida; más aún, es la vejez ...