Motivación y Emoción- John Marshall Reeve
La persona que persiste en un acto dirigido hacia una meta durante un periodo prolongado expresa un motivo más intenso que aquella que renuncia con rapidez. Sin embargo, la persistencia y el esfuerzo no son intercambiables porque una persona tal vez sea persistente en una tarea durante un largo periodo, aunque exhiba una baja tasa de esfuerzo diariamente.
La preferencia de un curso de
acción sobre otro expresa la fuerza de los motivos subyacentes en cada curso de
acción.
Si la conducta exhibe un esfuerzo
intenso, una breve latencia, continua persistencia, alta probabilidad de ocurrencia,
expresividad facial o gestual, o si el individuo persigue un objeto-meta específico,
en lugar de otro, se tiene evidencia para inferir la presencia de un motivo
relativamente intenso.
La calidad de la motivación
facilita la calidad de la adaptación personal.
La motivación es un proceso
dinámico, siempre cambiante, que surge y desaparece a cada rato, no un suceso
discreto o una condición estática.
Los motivos no son algo que una
persona tenga o no tenga; más bien, tales motivos surgen y desaparecen durante
un ciclo en el que al principio parecen estar dormidos, emergen a la conciencia,
son satisfechos o se frustran, y crecen o se opacan en intensidad.
Las personas sienten estados
motivacionales y emocionales, positivos y negativos, al mismo tiempo. Para adaptarse
de manera óptima, tales estados motivacionales positivos y negativos necesitan
ser parte de nuestro repertorio.
Es importante plantear y responder
la pregunta respecto a qué es lo que motiva a una persona, pues algunos tipos
de motivación están asociados con consecuencias más productivas y psicológicamente
más sanas, que otros.
Los motivos varían según el grado
de disponibilidad para la conciencia y el reporte verbal.
Los motivos reguladores del
comportamiento humano no siempre son inmediatamente obvios.
La autoestima no es una variable
causal. Más bien es un efecto o síntoma de cómo marcha nuestra vida. Es un
barómetro del bienestar.
El hábito, no la pulsión, dirige
el comportamiento. Los hábitos que guían el comportamiento surgen del aprendizaje,
y este ocurre como consecuencia del reforzamiento.
Para explicar los fenómenos
motivacionales es evidente que la atención se dirija no solo a las fuentes
fisiológicas internas de la motivación, sino también a las fuentes ambientales
externas.
Otra forma en que difieren las
necesidades entre sí se manifiesta en que algunas provocan motivación por
deficiencia mientras que otras generan motivación por crecimiento. Respecto a las
necesidades por deficiencia, la vida sigue su curso hasta que algún estado de privación
activa una necesidad para interactuar con el mundo en una forma que calmará el
déficit. Con las necesidades de desarrollo, los estados motivacionales energizan
y dirigen el comportamiento para nutrir el desarrollo. Las necesidades por deficiencia
de manera característica provocan emociones que guardan tensión y dan sensación
de urgencia, como la ansiedad, la frustración, el dolor, el estrés y el alivio.
Las necesidades de desarrollo por lo general dan lugar a emociones positivas,
como interés, regocijo y vitalidad.
Pulsión es un término teórico utilizado
para describir la incomodidad psicológica (sensación de tensión e inquietud)
que surge del déficit biológico que subyace y persiste. La pulsión energiza al
animal para involucrarlo en comportamientos que sirven a sus necesidades
fisiológicas.
El dolor, la sed, el hambre y el
sexo son cuatro estados motivacionales que surgen debido a necesidades fisiológicas,
y pueden organizarse en un continuo de acuerdo con el grado relativo de
regulación fisiológica o ambiental. En el extremo biológico del continuo están
el dolor y la sed, y en el extremo ambiental del continuo se ubica el sexo, en
tanto que el hambre se localiza en algún lugar intermedio.
La voluntad es fuerte cuando la
gente se compromete en una actividad y se siente libre, más que presionada,
para involucrarse en dicha actividad.
Un prerrequisito para apoyar la
autodeterminación de otra persona consiste en identificar las necesidades,
intereses, preferencias y aspiraciones de dicha persona.
Las comunicaciones no controladas
invitan a quienes tienen rendimientos deficientes a emprender sus propias
soluciones; la retroalimentación positiva informa a dichas personas los puntos
de progreso y logro.
La interiorización refleja la
tendencia del individuo a adoptar de manera voluntaria e integrar en su yo los valores
y regulaciones de otras personas (la sociedad). Esta florece en las relaciones
que ofrecen un abundante suministro de 1) satisfacción de la necesidad de
gregarismo y 2) razones plenas de información y psicológicamente satisfactorias
para que tengan sentido las prescripciones y las proscripciones.
La autodeterminación es la
necesidad de experimentar una elección en la iniciación y regulación del
comportamiento de uno, y refleja el deseo de que las elecciones personales, más
que los eventos ambientales, determinen las acciones propias.
La competencia es la necesidad de
ser eficaz en las interacciones con el ambiente.
Los castigos disminuyen la
conducta (indeseable); los reforzadores negativos aumentan la conducta (escape
y evitación).
Las recompensas que uno puede
ver, tocar, sentir y saborear por lo general disminuyen la motivación
intrínseca, en tanto que las recompensas verbales, simbólicas o abstractas no
lo hacen.
Para que florezca la motivación
intrínseca, la competencia y la autodeterminación debe ser intensas; y para que
ambas sean así, se debe presentar una situación externa en forma tanto no
controladora como informativa.
La regulación externa significa
que la motivación está regulada por sucesos externos al yo.
Con la regulación introyectada,
la persona tiene las reglas, órdenes y estándares de otra persona (o sociedad
en general) dentro de su cabeza, a tal grado que la voz interiorizada, no el yo
per ser, genera la motivación para actuar.
La regulación introyectada
significa que la motivación la regula una voz socialmente interiorizada.
La regulación identificada
significa que la motivación está regulada por valores con los cuales se
identifica el yo.
La integración es el tipo de
motivación extrínseca más autodeterminada, e incluye autoexamen necesario para
adoptar nuevas formas de pensar, sentir y comportarse, que estén en congruencia
con las formas preexistentes.
Las necesidades sociales surgen
de las preferencias obtenidas a través de la experiencia, la socialización y el
desarrollo. Tales necesidades persisten a lo largo del tiempo y existen dentro
de nosotros como diferencias individuales adquiridas y como parte de nuestra
personalidad. Las cuasi-necesidades son más efímeras e incluyen voluntades
promovidas por las situaciones, como la necesidad inmediata de dinero, la
autoestima, etc. Siempre que una persona satisface una demanda o presión situacional,
las cuasi-necesidades pasar a segundo término.
El orgullo emerge como un
constructo social a partir de una historia de desarrollo con episodios de éxito
que finalizan en el dominio (maestría); la vergüenza emerge como un constructo
social de una historia de desarrollo con episodios de fracaso que terminan en
el ridículo.
Las dos principales metas de logro
son las de rendimiento y las de dominio (maestría). Con las metas de
rendimiento, la persona busca demostrar o probar la competencia; con las metas
de maestría, la persona busca desarrollar o mejorar la competencia.
Tantos las metas de dominio como
las de acercamiento al rendimiento facilitan los resultados de logro y de vida
positiva, mientras que las metas de evitación del rendimiento las debilitan.
Las metas necesitan ser difíciles
para crear energía y específicas para enfocar la dirección.
Cuando la retroalimentación
muestra al individuo que tiene un rendimiento de acuerdo, o por arriba de la
meta, este se siente satisfecho, competente y capaz para imponerse una meta más
alta y difícil.
El bienestar subjetivo tiene que ver
más con lo que uno está empeñado por conseguir, que con lo que de hecho puede
lograr.
Para facilitar la acción, la
gente necesita simular de manera mental un proceso para la meta: los medios con
los que alcanzará el objetivo que busca.
Las expectativas de eficacia se
refieren al grado de confianza que el individuo tiene respecto a su habilidad
para ejecutar un acto específico o una secuencia de acción. De las fuentes de expectativas
de eficacia, la historia personal es la más influyente.
La vida en general proporciona un
buen número de situaciones en potencia amenazantes (por ejemplo, exámenes,
desempeño ante un público), así que la autoeficacia percibida desempeña un
papel central al determinar la cantidad de estrés y ansiedad que esos acontecimientos
provocan en cualquier ejecutante individual.
El desamparo aprendido es el
estado psicológico que resulta cuando un individuo espera que los resultados de
su vida sean incontrolables.
La expectativa aprendida de que
la conducta voluntaria de uno no afectará los resultados deseados es la esencia
del desamparo aprendido.
No importa tanto cuán inteligente
y perspicaz sea el participante; más bien, lo fundamental es cuán controlable y
en qué medida responde el ambiente en el que uno intenta resolver el problema.
El desamparo también se relaciona
con la susceptibilidad al cáncer, ya que el desamparo psicológico suprime las
células en el sistema inmunológico humano, que en otras circunstancias atacan a
los invasores externos, como las células asesinas naturales y los linfocitos.
Es una expectativa aprendida, no
el trauma en sí, la que provoca el desamparo. La incontrolabilidad es una
condición necesaria, pero no suficiente, para inducir el déficit por desamparo
aprendido. Para la suficiencia, la incontrolabilidad debe coincidir con la
impredictibilidad.
Acaso la raíz de la depresión
radique en la incapacidad del individuo deprimido para reconocer que tiene más
control del que cree sobre los resultados de su vida.
El término reactancia se refiere
a los intentos psicológicos y de conducta para reestablecer (“recuperar”) una
libertad eliminada o amenazada.
La reactancia está enraizada en
el control percibido, mientras que el desamparo está enraizado en su ausencia;
una respuesta de reactancia precede a una respuesta de desamparo, y la reactancia
fortalece el rendimiento, mientras que el desamparo lo merma.
El individuo con una orientación
motivacional de dominio responde al fracaso permaneciendo centrado en la tarea
y tratando de alcanzar la maestría, a pesar de las dificultades y
contratiempos. El individuo con una orientación motivacional de desamparo
responde al fracaso con la actitud de rendirse y abandonarse, actuando como si
la situación estuviese fuera de su control.
Para que ocurra el desamparo, los
individuos deben 1) percibir el mundo como no funcional e incontrolable, y 2)
creer que adolecen de la capacidad para sobreponerse al mundo no funcional e
incontrolable.
Si la falta de control es real,
la atención de uno se emplearía mejor si se cambia el ambiente, ya sea de
manera directa (mediante el cambio de sus contingencias respuesta-consecuencia),
o indirecta (al variar la forma en que uno interactúa y se enfrenta con él).
La noción de posibles yo revela
al yo como una entidad dinámica con pasado, presente y futuro.
La conducta varía en tal medida
de un rol al siguiente, que tiene sentido hablar de un conjunto de identidades
en vez de una sola identidad. Los individuos tienen muchas identidades y se
presentan ante los demás con la identidad particular que es más apropiada para la
situación.
Las autopercepciones no son meras
estructuras psicológicas que existen en el interior de la gente, como sus
corazones, pulmones o hígados; en vez de ellos, mediante las interacciones de
la gente, sus autopercepciones llegan a exteriorizarse en los mundos sociales
que construyen en torno suyo.
La teoría de la disonancia se
aplica mejor a situaciones en las que las creencias del individuo inicialmente
son claras, sobresalientes y firmes. En dichos casos, la gente de hecho
experimenta emoción negativa después de tener una conducta contraria a su
actitud habitual.
El deseo de control refleja la
medida en la que la gente está motivada para controlar las situaciones de la
vida. Cuando el control está amenazado o se pierde, los individuos con gran
deseo de control exhiben distintas reacciones, como aflicción, ansiedad,
depresión y enfrentamiento aversivo.
Para Maslow, los seres humanos buscan
en forma constante, y rara vez alcanzan, un estado de satisfacción, excepto
durante un breve momento. Sin embargo, cuando un conjunto de necesidades se
satisface, a menudo da origen a otro conjunto de necesidades.
En contraste con los individuos
que buscan validación, aquellos que buscan crecimiento dirigen sus retos
personales hacia el aprendizaje, mejoramiento y enriquecimiento del potencial
personal.
En su deseo por promover el
potencial individual, el estudio humanista con frecuencia fracasa en reconocer
que nuestro sentido de autonomía personal, nuestro sentido de identidad,
nuestro sentido de personalidad estable, nuestro sentido de ser personas viene
a nosotros desde el exterior.
El término psicodinámica se
refiere al estudio de los procesos mentales inconscientes dinámicos.
La emoción es aquello que
conjunta los componentes subjetivo, biológico, funcional y expresivo dentro de
una reacción coherente para una situación provocadora.
Los teóricos cognitivos afirman
que existe un número limitado de circuitos neuronales y reacciones corporales (reacción
pelea o huida), pero afirman que pueden surgir varias diferentes emociones a
partir de la misma reacción biológica.
La solución humana es usar las emociones
como información concerniente al progreso del desarrollo y ajustar el
comportamiento para facilitar el enfrentamiento y el desarrollo.
La perspectiva contemporánea
respecto a que si las emociones tienen patrones distintivos de la actividad
fisiológica, afirma que unas pocas emociones la tienen, aunque la mayoría no.
Los niños son pésimos actores. Antes
de los dos años, las expresiones faciales humanas son en gran medida actos involuntarios.
Cuando están afligidos, las caras de los niños reflejan su estado interno. Conforme
adquieren el lenguaje, experimentan un rápido desarrollo cognitivo, de modo que
se vuelven en mayor medida seres sociales; adquieren una creciente habilidad
para controlar las expresiones faciales de manera voluntaria. En la edad
preescolar, los niños pueden enmascarar (inhibir) la mayoría de los estados
internos. Con el aumento del desarrollo cognitivo y de madurez, son cada vez
más capaces de controlar en forma voluntaria su musculatura facial.
Las emociones surgen de las
valoraciones. Si cambia la valoración, cambiará la emoción.
La valoración completa, en
consecuencia, utiliza interpretaciones y evaluaciones subcorticales (sistema
límbico) y corticales.
Comentarios
Publicar un comentario