Escritor fracasado y otros cuentos- Roberto Arlt
Nadie imagina el drama que se oculta bajo las líneas de mi rostro sereno. Yo también tuve veinte años: veinte años soberbios como los de un dios griego, una edad en la que la proximidad del triunfo hacía sonreír con la certeza de tocar el cielo con la punta de los dedos. Desde aquella altura perfumada contemplaba el paso perezoso de los mortales en una llanura de ceniza, y los inmortales no eran para mí sombras doradas, sino seres cercanos que reían con carcajadas enormes. Yo los reverenciaba, conteniéndome a veces para no lanzarme a la calle a gritarles a los tenderos que yo también pertenecía al linaje de los elegidos. Mis veinte años prometían la gloria de una obra inmortal. Bastaba mirar mis ojos lustrosos, sentir el endurecimiento de mi frente, la voluntad en mi mentón, o escuchar el timbre firme de mi risa para comprender que la vida desbordaba de mí como de un cauce demasiado estrecho. Pero así como un viajero inexperto que avanza sobre una llanura helada descubre de pronto que ...