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Mostrando las entradas de noviembre, 2025

Escritor fracasado y otros cuentos- Roberto Arlt

Nadie imagina el drama que se oculta bajo las líneas de mi rostro sereno. Yo también tuve veinte años: veinte años soberbios como los de un dios griego, una edad en la que la proximidad del triunfo hacía sonreír con la certeza de tocar el cielo con la punta de los dedos. Desde aquella altura perfumada contemplaba el paso perezoso de los mortales en una llanura de ceniza, y los inmortales no eran para mí sombras doradas, sino seres cercanos que reían con carcajadas enormes. Yo los reverenciaba, conteniéndome a veces para no lanzarme a la calle a gritarles a los tenderos que yo también pertenecía al linaje de los elegidos. Mis veinte años prometían la gloria de una obra inmortal. Bastaba mirar mis ojos lustrosos, sentir el endurecimiento de mi frente, la voluntad en mi mentón, o escuchar el timbre firme de mi risa para comprender que la vida desbordaba de mí como de un cauce demasiado estrecho. Pero así como un viajero inexperto que avanza sobre una llanura helada descubre de pronto que ...

Coca y realidad — Baldomero Cáceres

En la vida académica norteamericana se ha hecho célebre el proverbio “publica o perece”, el cual se ha extendido por todo el mundo “civilizado”. Este fenómeno ha tenido una consecuencia lamentable: la mayor contaminación ambiental del intelecto —una verdadera intelectual pollution — que la historia haya conocido. En este contexto, la cantidad ha terminado por reemplazar a la calidad. Pero, ¿qué mal puede haber en favorecer la introversión? ¿Acaso los extravertidos —sin negar su derecho a serlo— pretenden imponer un modelo de vida en contra de quienes no comparten su misma actitud? ¿Es acaso tan peligrosa la vida interior que debamos prohibir la poesía y la oración en beneficio del productor-consumidor moderno, ese que frecuenta los shopping centers , templos del culto al consumo, y cuya epistemología parece resumirse en el lema: “compro, luego existo”? La supuesta “mentalidad autista y esquizoide” que algunos atribuyen al coquero no pasa de ser una patraña. ¿Quién de nosotros —y me i...

Silogismos de la amargura- Emil Cioran

  En las sombras del tiempo “ El tiempo se desliza como un suspiro que nunca regresa.” “Cada instante perdido es un eco que nadie escucha.” “Vivimos en los retazos de un reloj que siempre nos adelanta.” “El pasado y el futuro son espejos que nos niegan el presente.” “El tiempo enseña, pero no consuela.” “El instante eterno se esconde entre segundos fugaces.” “El reloj no perdona la distracción.” “Cada segundo ignorado se convierte en sombra.” “El tiempo no cura: transforma la herida en memoria.” “En el flujo del tiempo, todo es pérdida y espera.” Entre luces y abismos “ La luz revela lo que la oscuridad ya había decidido ocultar.” “Entre el brillo y la sombra, el hombre busca sentido.” “La claridad es solo un espejo que refleja nuestra ceguera.” “Cada abismo es un reflejo invertido de la esperanza.” “La luz no guía: evidencia el camino que se ha perdido.” “La sombra acompaña incluso donde la luz promete compañía.” “En el contraste de luz y oscuridad se esconde l...

Vida eremítica – Pablo Giustiniani

  PENSAMIENTOS El eremita es un solitario que busca siempre a Dios y, por ello, es un alma contemplativa. San Romualdo dio a los monjes la posibilidad de vivir en soledad sin perder el “bien de la obediencia”, que es el tesoro de la vida monástica, y sin separarse de la práctica de la caridad fraterna. San Romualdo quiso una vida esencialmente solitaria para buscar a Dios en una soledad sagrada, enteramente consagrada a Él. Para buscar a Aquel que es inaccesible, el eremita mismo se vuelve inaccesible. LA CELDA En esa pequeña aldea hay una soledad todavía más perfecta: la celda donde vive cada eremita. Esa es su propia soledad. La celda es el lugar del silencio, de la estabilidad, del recogimiento, de la mortificación, del trabajo, del ayuno, de las vigilias y de la oración. Así, el alma se desprende de todo lo que no es Dios. La discreción enseña a no ser cobardes ni hundirse en el abismo de la vanidad, el orgullo o la presunción. Pablo Giustiniani, como los Padres de la I...