El arte de callar- Abate Dinouart

Las paradojas del silencio

Dinouart concibe el silencio no como una simple ausencia de palabra, sino como una forma de elocuencia. El rostro y el gesto sustituyen a la lengua: el cuerpo inmóvil, el ademán contenido y la expresión mesurada constituyen un lenguaje silencioso que instruye a los imprudentes y reprende a los culpables.

El silencio es el primer grado de la sabiduría, seguido del hablar poco y, por último, del saber hablar mucho sin exceso. Solo debe romperse cuando lo dicho valga más que el callar. El silencio precede a la palabra tanto en el orden moral como en el cronológico: no se puede hablar bien sin haber aprendido antes a callar.

El hombre domina mejor sus pasiones cuando guarda silencio; en cambio, al hablar, se dispersa, se derrama fuera de sí mismo y pierde el control. La palabra es riesgo, desposesión y pérdida de sustancia interior. Por eso, el silencio es una forma de autodominio y prudencia, tanto en la esfera individual como en la social.

El silencio no implica falsedad ni frialdad. Puede ser sincero y cordial: se pueden reservar pensamientos sin disfrazarlos. A veces hay que hacer callar el lenguaje, pero también hacer hablar al silencio, reconocer en él sus diferentes especies y expresiones.

El rostro es el principal vehículo de esa elocuencia muda: refleja las pasiones humanas en un lenguaje universal, anterior a toda palabra y accesible a todos los pueblos. El arte de callar es, así, un arte del cuerpo y del alma, una semiótica primitiva que antecede a toda retórica.

Finalmente, Dinouart distingue el silencio político, propio del hombre prudente que se reserva, no se entrega por completo y actúa con circunspección sin traicionar la verdad.


Una ética del silencio

El silencio, en la tradición moral donde se inscribe Dinouart, no es cálculo ni manipulación, sino una forma de control interior. Se opone a la precipitación del hablar o del escribir sin reflexión.

Dinouart denuncia la “furia de escribir”: la abundancia de palabras y textos sin sustancia. Propone en cambio el tiempo del silencio como tiempo de pensamiento y preparación. Su tratado invita a la reserva, la meditación y la contención —virtudes que contrastan con la compulsión moderna por comunicarse, opinar o publicar sin cesar.

El Arte de callar se convierte así en una crítica anticipada a la “obligación de expresarse” propia de las sociedades contemporáneas. Frente al imperativo de hablar, propone la dignidad del silencio.


Primera parte

Introducción

Callar bien no consiste solo en no hablar, sino en saber cuándo y cómo hacerlo. Requiere prudencia, reflexión y conocimiento. Los sabios antiguos decían que los hombres aprenden a hablar entre los hombres, pero solo los dioses pueden enseñar a callar perfectamente.


Capítulo I. Principios necesarios para callar

  1. No debe romperse el silencio sino para decir algo más valioso que él.

  2. Hay un tiempo para callar y otro para hablar.

  3. El silencio es anterior al habla; no se habla bien sin haber aprendido a callar.

  4. Callar cuando se debe hablar es tan imprudente como hablar cuando se debe callar.

  5. Se arriesga menos callando que hablando.

  6. El hombre es más dueño de sí en el silencio que en la palabra.

  7. Antes de decir algo importante, hay que decírselo a uno mismo y meditarlo.

  8. En materia de secreto, nunca se calla demasiado.

  9. Saber callar es una virtud tan grande como saber hablar.

  10. El silencio puede parecer sabiduría incluso en un ignorante.

  11. Hablar poco y obrar mucho es propio del hombre sensato.

  12. El silencio sincero no disfraza pensamientos: puede ser discreto sin ser oscuro.


Capítulo II. Diferentes especies de silencio

  • Prudente: el que se adapta al momento y al lugar.

  • Artificioso: el que busca engañar o manipular.

  • Complaciente: el que halaga mediante gestos o actitudes.

  • Burlón: el que calla para gozar de la necedad ajena.

  • Inteligente: el que deja hablar al rostro y expresa sin palabras.

  • Estúpido: el vacío de sentido y pensamiento.

  • Aprobatorio: el que consiente mediante signos sin hablar.

  • De desprecio: el que se niega a responder por orgullo.

  • De humor: el que depende de los estados de ánimo.

  • Político: el del prudente que se reserva sin falsear la verdad.


Capítulo III. Causas de las diferentes especies de silencio

Cada tipo de silencio refleja un carácter.


Segunda parte

Introducción

Así como se puede hablar mal o en exceso, también se puede escribir de manera desmesurada. La pluma sufre los mismos vicios que la lengua.


Capítulo II. Se escribe demasiado

Dinouart censura tres excesos:

  1. Escribir sobre cosas inútiles: muchos escriben por escribir, sin propósito ni sentido, llenando el mundo de libros estériles.

  2. Escribir demasiado sobre las mejores cosas: incluso los buenos temas se arruinan por la prolijidad.

  3. Escribir sobre lo que excede el entendimiento humano: abordar materias que la Providencia ha reservado a su misterio es temerario.

La proliferación de libros vacíos revela una “enfermedad de escribir”. Como la naturaleza que produce en exceso para luego marchitarse, las letras también se consumen en su propia abundancia.


Capítulo III. No se escribe bastante

Por el contrario, algunos sabios callan demasiado por modestia o timidez, privando a la humanidad de sus luces. El exceso de silencio en ellos causa tanto daño como la verbosidad en otros.


Capítulo IV. Principios necesarios para explicarse por los escritos y los libros

  1. No se debe escribir si lo que se tiene que decir no vale más que el silencio.

  2. Hay un tiempo para escribir y otro para contener la pluma.

  3. Debe escribirse con preparación, serenidad y dominio de las pasiones.

  4. Solo tras un tiempo de silencio y estudio se está realmente preparado para escribir.

  5. El hombre es más dueño de sí cuando sabe contener la pluma que cuando la deja correr sin medida.

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